«No puedo mirar atrás, al ahora o al futuro y que no esté. La verdad que no soy capaz de imaginar la vida sin ella.»
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Esta pareja se toma la vida como un viaje, ávidos por descubrir lugares nuevos, por disfrutar de su belleza y gastronomía. Y decidieron regalar a sus seres queridos una fiesta de tres días entre la arquitectura negra de Guadalajara, una zona que Silvia y yo visitamos con frecuencia y que nos tiene totalmente enganchados.
Al llegar a la Aldea Tejera Negra eran varios los invitados que mostraban signos de una noche larga, sus ojos pedían a gritos café en vena, ja, ja, ja…, pero nada más lejos de la realidad, una fiesta empalmaba con otra y había que darlo todo.
La ceremonia civil en la finca fue todo un descubrimiento, los oradores nos hicieron reír, llorar y contaron anécdotas conocidas por muy pocos, así que hubo sorpresas para los padres, ja, ja, ja…, después, como siempre, el cóctel fue espectacular: pulpo rico, rico, jamón del «güeno» y un montón de juegos para los peques. No faltaba de nada.
Pero, mejor que eché un vistazo a las fotografías en la Aldea Tejera Negra para que lo comprobéis vosotros mismos.















































































































































































































































































































